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Historia del buceo

Exploración submarina en la antigüedad

El ser humano se ha sentido atraído desde siempre por las profundidades ocultas del mar y ha intentado por diversos medios vencer su incapacidad de respirar bajo el agua. Hallazgos antiquísimos tales como piezas de nácar y abalorios de perlas que datan desde el año 4500 antes de Cristo, dan cuenta de que el hombre ya incursionaba en el buceo.

Buscando los tesoros naturales del mar o los de los cofres de embarcaciones que naufragaban. Extrayendo esponjas y corales o rescatando monedas de oro.

Existen bajorrelieves del siglo IX antes de Cristo que muestran a un rey persa buceando con un saco respirador del que sale una boquilla. Al mismo tiempo en Japón, India, Corea, Sri Lanka, la recolección manual de perlas era un oficio habitual al que la capacidad pulmonar de los locales estaba acostumbrada.

Mucho antes de que se empezaran a cultivar perlas, las ostras eran explotadas por buceadores, especialmente por mujeres. Existe una tradición de más de dos mil años de antigüedad en Japón y en Corea en la que mujeres llamadas «haenyo», se sumergen a más de veinte metros de profundidad. Bajan con temperaturas de 10 grados y cubiertas sólo por una delgada tela blanca. Estas mujeres no utilizan las aletas, que aparecieron en el Renacimiento, y transmiten su saber de madres a hijas. Las «haenyo» bucean armadas con un rudimentario pincho, disponiendo para su seguridad, de un tonel a modo de flotador. No dejan de trabajar, ni siquiera, cuando su estado de gestación es muy avanzado. Hoy día quedan muy pocas de estas mujeres que siguen rechazando inventos como los trajes de neopreno.

Griegos, persas, romanos y fenicios

Herodoto, el padre de la historia, en sus relatos de viaje cuenta acera de Scilys y Cyana, considerados los primeros buzos de combate. En plena guerra médica entre persas y griegos, en el año 480 antes de Cristo, el rey Jerjes avanzó con más de mil doscientos barcos a enfrentarse a una flota griega compuesta por no más de trescientas naves. El rey Jerjes, contaba entre sus filas con dos griegos Scilys de Esción y su hija Cyana, que tenían como misión sumergirse en las aguas del mar Egeo en busca de los tesoros perdidos en los muchos naufragios existentes.

Durante un fatal tormenta que imposibilitó la navegación, la flota de Jerjes intentó resguardarse. Scilys y Cyana, sintiéndose cerca de sus tierra se arrojaron al mar en la confusión de la tempestad y, ayudados por un rudimentario tubo y una improvisada balsa, bucearon cortando las amarras de los poderosos barcos persas. Los barcos, a la deriva, se golpeaban entre sí y contra los arrecifes. En medio de la confusión, nuestros héroes nadaron más de quince kilómetros hasta llegar a la costa. Allí, Scylis, avisó de los planes de Jerjes cuya flota quedaba diezmada, y ayudó a Temístocles a ganar las batalla de Salamina.

Más adelante, en el 414 antes de Cristo, durante la guerra del Peloponeso, los buceadores griegos se sumergieron en Siracusa para eliminar los obstáculos sumbarinos y permitir el paso de las naves al puerto. Mientras los atenienses sitiaba a los espartanos en la isla de Esfactaria gracias a las provisiones transportadas por buzos a través de vías submarina.

A lo largo de siglos de historia ni reyes ni conquistadores se mantenían ajenos a los misterios del mar, sus encantos, y las riquezas ocultas bajo la inmensidad de las aguas. En el año 356 antes de Cristo, el mismísimo Alejandro Magno, utilizó buzos a los que llamaban «kolymboi» durante el asedio a la ciudad fenicia de Tiro, actual Líbano.

Todos los grandes ejércitos contaban entre sus filas con buceadores expertos en recolección o en asaltos. Los romanos descendían agarrados a piedras a modo de lastre. Portaban una esponja empapada en aceite. Cuando llegaban al fondo, mordían con fuerza la esponja y sacaban el aceite. Este aceite, cubría momentáneamente el rostro del buceador y al tener distinta densidad, y, gracias a la refracción de la luz, por un instante mejoraban la visibilidad. En el año 77 antes de Cristo, los buceadores militares en Cartago ya utilizaban tubos. Toda una revolución que ayudó a Fenicia a convertirse en la gran potencia dominante de los mares.

Descubrimiento de América: nuevos horizontes marinos

Con el descubrimiento de América se amplía el horizonte marino y se intensifica el estudio de métodos para dominar el mar y su potenciales riquezas. El submarinismo adquiere un protagonismo indiscutible. Leonardo Da Vinci, genio inclaudicable en todas las ciencias, diseñó por el año 1500 aparatos para bucear. En su «Codex Atlanticus» aparecen guantes palmeados para las manos, trajes de cuero, tubos conectados a campanas que flotaban en superficie, capuchas con púas para protegerse de los depredadores o de las bestias marinas, tubos con boquillas o recipientes con aire colado en el pecho del buzo como un atisbo de equipo de buceo autónomo.

Muchos de los barcos que intentan alcanzar las nuevas tierras, terminan sus días en naufragios, destrozados ante acantilados, desmantelados por tormentas o impericia de sus tripulantes. Con ellos, muchas riquezas sucumben en el fondo del mar. Motivado por esta circunstancia, Felipe II, crea la flota de corso y recuperación. Comienza entonces la carrera por alcanzar mayores profundidades durante más tiempo.

Evolución de las campanas de buceo

En el año 1535 Gugliemo de Loreno presenta ante el emperador Carlos I la considerada como primera campana de buceo. Las variaciones sobre este invento no se hicieron esperar. Haciendo uso de estas campanas los submarinistas trabajaban para la corona recuperando tesoros. Con las distintas campanas que fueron surgiendo entre 1582 y 1623, la de Bono, la de Jerónimo de Ayanz, la de Pedro de Ledesma, los buzos podían permanecer hasta una hora sumergidos.

Otras campanas que permitían más maniobras como caminar por el fondo marino o suministrar aire, aparecieron durante el siglo XVII. En 1680, Borelli diseñó la antecesora de la actual escafandra. Se trataba de una enorme bolsa de cuero en la que el buzo podía transportar su provisión de aire, introducida con un émbolo. La cabeza debía meterse en la bolsa, que llevaba una ventanilla, y para los pies había unas aletas en forma de garras, para adherirse al fondo del mar. Siguiendo esta idea, una década después, Edmund Halley, consigue la renovación del aire bajo el agua gracias a tubos conectados a barriles. Su sistema se mantendría hasta 1742 batiendo records de permanencia.

En los siglos XVIII y XIX el buceo se convierte en una rama imprescindible del ámbito militar. Los conflictos bélicos asolan al mundo y todos los ejércitos crean sus unidades de buceo. En 1855 el francés Joseph-Martin Cabirol crea un casco con un cuarto ojo de buey situado en la parte superior. Sin embargo, la forma general de las escafandras se basará en el diseño original del alemán Siebe.

Su eficacia quedó probada durante los trabajos de recuperación del los bienes hundidos en el HMS Royal George. Desde 1840 hasta 1843 los buzos equipados con las escafandras de Siebe recuperaron 30 cañones de este barco hundido.

En 1905 Siebe presenta en sociedad el casco de buceo Mark-V, posiblemente, el más famoso. Este casco prestará un gran servicio en las unidades de buceo de todas las armadas del mundo, llegando a emplearse, prácticamente hasta nuestros días.

Los rusos, héroes del buceo de post-guerra

Durante la Segunda Guerra Mundial los «hombres de rana» en Rusia, fueron vitales para la supervivencia de Leningrado. Sitiada por los alemanes 872 días, la única manera de abastecer a los residentes con comida y combustible era a través del lago Ládoga. Los hombres de rana tenían que zambullirse para recuperar bolsas de barriles de trigo o gasolina de transportes hundidos. También construyeron un gasoducto submarino y en 1942 instalaron un cable eléctrico bajo el agua que ayudó a dos millones de personas cercadas a obtener luz y calor.

En febrero de 2020, Alexéi Molchánov, campeón mundial de buceo libre estableció el récord de buceo bajo hielo, superando aguantar la respiración casi tres minutos a 180 metros de profundidad y en temperaturas heladas. Al mismo tiempo, otro equipo, ruso también, culminó con éxito una inmersión récord de 416 metros de profundidad.

Bucear como actividad recreativa

Actualmente se cuenta con equipos de buceo desarrollados y que garantizan las seguridad de quien practica la actividad. Además existen disposiciones y reglas como no bucear en soledad y una serie de chequeos y análisis médicos que se deben superar para ser considerado «Apto para el buceo».

Bucear es trasladarse a un mundo completamente diferente donde sentirás que vuelas, al flotar en dentro del agua. Los sonidos y el ritmo con el que te desplazarás bajo el agua difieren muchísimo de todo lo que conoces. Sólo probando podrás explicarte fielmente lo que se siente al vivenciar la experiencia de bucear.

Además de lo que el cuerpo siente en este nuevo ámbito donde se mueve, está el entorno. Compartir el espacio con los seres del agua. La exploración y el descubrimiento de todos estos seres, flora y fauna, que habitan el mundo subacuático y que al bucear están a nuestro alrededor naturalmente.

Bucear como actividad recreativa puedes hacerlo en cualquier parte del mundo. Para comenzar es recomendable tomar un bautismo de buceo. El bautizo es factible desde los 8 años. Luego si te gana el entusiasmo y apostamos a que sí, deberás ir haciendo una seguidilla de cursos -con más de 14 años de edad- e inmersiones que irán sumando complejidad y nivel calificativo en tu haber.

Navigation

¿Qué elementos componen un equipo de buceo?

  • Traje: El traje es fundamental para preservar el calor corporal. El materia protege además de golpes, rasguños o picaduras de animales marinos. Existen tres tipos de traje: traje seco, semi-seco o húmedo. Su elección dependerá de la temperatura del agua en la que vayas a realizar la actividad.
  • Aletas: Las aletas te permitirán moverte con mayor agilidad y flexibilidad debajo del agua, además son la fuente principal para tu propulsión. Las puedes encontrar cerradas para las aguas cálidas y ajustables que son más versátiles. También las hay de mayor o menos dureza.
  • Botas: El calzado para el buceo cumple la función de proteger los pies del frío, andar de manera confortable hasta el lugar de la inmersión y garantizar una sujeción anti-torceduras. Debes saber que si empleas aletas ajustables las botas son imprescindibles de utilizar.
  • Máscara de buceo: Protege los ojos y posibilita apreciar la belleza que se esconde en los fondos marinos. Recuerda que deben adaptarse perfectamente a la forma de tu cara para proporcionarte la máxima comodidad. Igualmente, elige un cristal de buena calidad para garantizar una óptima visibilidad y funcionalidad.
  • Jacket o BCD: La principal función del chaleco de buceo es facilitar la inmersión. Este elemento te proporcionará seguridad y controlará la flotabilidad. Tienes que tener en cuenta qué tipo de buceo vas a hacer para escoger un tipo u otro.
  • Botella: La botella es un material de buceo imprescindible ya que te permite poder respirar bajo el mar al llevar aire en ella. Habitualmente, esta actividad se realiza con botellas de una capacidad de 12, 15 o 18 litros a 200 bares de presión y las hay de aluminio o de acero.
  • Regulador: El regulador para buceo tiene que ser sencillo, simplemente es una especie de manguera por donde pasa el aire de la botella a la boquilla del buceador. La función que cumple es la de reducir la presión del aire que hay en la botella para que puedas respirarlo durante la actividad.

¿Cuánto dinero se necesita para dedicarse al buceo?

Hay precios de todo tipo, para todos los niveles. Si apenas empieza, si ya eres experto y calificado. Según el lugar, según la cantidad de inmersiones que quieras hacer.

Si apenas comienzas, quizás te inicies con un bautismo de buceo. Esta primera experiencia cuesta 65 euros.

Luego comienzan los cursos de buceo PADI que te irán certificando de manera cada vez más avanzada. Empiezas por obtener tu carnet PADI con los cursos de Scuba Diver, Open Water Diver, Open Water Diver Advanced, Rescue Diver y modalidades intermedias como Adventure Diver. Los primeros cursos arrancan desde los 300 euros. No pueden hacerse en un solo día. Requieren la incorporación de conocimientos teóricos, facilitados online en la actualidad, y después, las horas de práctica.

Los precios de los cursos que te calificarán para bucear de manera independiente aunque siempre con algún compañero, alcanzan precios de 600 euros si llegas a la categoría Divemaster y 850 para titularte como Instructor IDC. Cada nivel de complejidad exige tener superado el nivel anterior.

También se requiere una cierta cantidad de inmersiones para cada caso. Las inmersiones tienen su costo ya sea se hagan desde la orilla, desde un barco, a más o menos millas de la costa, en lugares más o menos accesibles. Los precios van desde 44 euros una inmersión a diez inmersiones desde barco u orilla por 350 euros.

Luego hay experiencias particulares como por ejemplo el buceo nocturno cuyo precio para 3 inmersiones es de 175 euros, o el buceo de aguas profundas, 3 inmersiones poco más de 200 euros.

Cuando ingreses al fascinante mundo submarino ya no querrás emerger. Es un mundo tan mágico y ajeno a los ruidos urbanos, el ritmo que otorga la flotabilidad a nuestro cuerpo es tan especial, que seguramente querrás tener tu propio equipo para bucear más a menudo.

Para dedicarte al buceo en España, por menos de 700 euros puedes conseguir un buen equipo de segunda mano completo, incluyendo una botella. Si quieres adquirir todo nuevo y estrenar tu propio equipo deberás pensar en gastar más de 1500 euros.

Ten en cuenta que son varios los elementos que necesitarás:

El traje isotérmico, de neopreno), de una o dos piezas, cuyo precio oscila entre 300 y 1.000 euros. Las aletas pueden alcanzar los 100 euros, mientras que las gafas o máscara tienen un precio de entre 50 y 100 euros. Otro de los elementos imprescindibles para la práctica de buceo son las botellas de aire comprimido, que no suelen bajar de los 200 euros y deben revisarse cada tres años. El chaleco hidrostático que permite controlar la flotabilidad cuesta otros 200 euros. A ello hay que añadir el cinturón de plomos, que sirve de lastre para que el buceador pueda sumergirse y el regulador, imprescindible para poder respirar bajo el agua de forma natural.

En la Península Ibérica existen un sinfín de enclaves donde empezar a practicar buceo o perfeccionarte de manera específica y profesional. Ven a bucear con nosotros, sólo tienes que escoger la costa de tu preferencia y, desde allí, sumergirte en el infinito universo submarino.

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